EL DISCURSO
PATRIARCAL DE LA IGLESIA CATÓLICA
“Y es que la
naturaleza dotó al hombre de razón y virtud; no así a la mujer, que encarna
todos los vicios y las imperfecciones que puedan atribuírsele al humano.” “Fue Eva
la primera pecadora de la historia religiosa, y arrastró al hombre en su
desgracia, al ser culpable de la expulsión del Paraíso” (Citado desde: http://eprints.ucm.es/16835/1/TFM_Marelis_Loreto.pdf)
De a poco estas
ideas fueron calando dentro de nuestro frágil pensamiento, hasta incrustarse
profundamente en él y asimilarlas como correctas. El imaginario patriarcal ha
reconocido tradicionalmente a la mujer ligada a la rígida dicotomía de ser virgen
o prostituta. Por un lado la virgen es producto de la buena educación
que las familias “honorables” han dado a la mujer, para establecer los límites del
bien y el mal. En cambio la prostituta, es
concebida como aquella que cautiva al
hombre hasta hacerlo caer en la peor de las perdiciones, y cuyo estereotipo lo
encontramos en Eva, o en Magdalena, esta última termina convirtiéndose en un
modelo a seguir, pues su vida equivocada se desvanece, tras su arrepentimiento
profundo, hacia al perdón del hombre.
Partiendo de
estas ideas, que para muchos pueden sonar como ofensivas o atacantes hacia el catolicismo,
mantengo mi postura, y pese a que soy católica al igual que la mayor parte de
mi familia, las expreso y hoy con mayor
fuerza. Hace unos días asistí a la boda de unos amigos muy cercanos a mí, realmente los vi felices frente al altar, y
escuchaban atentos el sermón del cura quien ofició la ceremonia, de tal manera
que decidí escuchar con mayor interés aquellas palabras que surgían de su boca.
“Hembra y macho,
hombre y mujer son las uniones que Dios verdaderamente legitima y bendice. La mujer
con el don maravilloso de procrear hijos al servicio del Señor, y el varón con
la autoridad única que Dios le otorga como jefe de familia.” Fue de entre varias,
la frase que más llamó mi atención, e hizo reafirmar mi idea preconcebida sobre
una iglesia afín a las imposiciones del sistema patriarcal, que al igual que antes,
como en la actualidad, sigue contribuyendo con la formación de “buenos católicos” apegados
firmemente a los designios de Dios, pese al tinte machista y de opresión hacia
la mujer, que estos poseen.
“Las creencias
acerca de la inferioridad de las mujeres y la necesidad de que sean controladas
por los hombres, de que las mujeres traen el demonio al mundo y son
responsables de la raza humana, de que la menstruación posee poderes mágicos
para enfermar, de que las mujeres son por naturaleza machaconas, frívolas,
indignas de confianza e irreflexivas.” (Citado desde: http://eprints.ucm.es/16835/1/TFM_Marelis_Loreto.pdf)
Tienen su punto
de ebullición desde la “enajenación femenina” de la cual habla Marcela Lagarde
(1997), que surgen en consecuencia del sistema patriarcal y juega un papel
determinante en ésta, la falta de empatía entre las mujeres, como la ausencia
de apoyo entre ellas, que en consecuencia desemboca en las ideas antes
mencionadas, acuñadas por el hombre en diversos espacios y tiempo.
Sin apoyo no hay
lucha, y sin lucha no hay cambios. La toma de conciencia de lo anterior ha de
surgir desde las actitudes más simples, para que “entre mujeres aparezca la
mano que sostiene, los brazos que arropan, y la cabeza que idea el camino a andar
para conseguir las transformaciones sociales pretendidas.”
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