martes, 24 de enero de 2017

EL DISCURSO PATRIARCAL DE LA IGLESIA CATÓLICA

“Y es que la naturaleza dotó al hombre de razón y virtud; no así a la mujer, que encarna todos los vicios y las imperfecciones que puedan atribuírsele al humano.” “Fue Eva la primera pecadora de la historia religiosa, y arrastró al hombre en su desgracia, al ser culpable de la expulsión del Paraíso” (Citado desde: http://eprints.ucm.es/16835/1/TFM_Marelis_Loreto.pdf)

De a poco estas ideas fueron calando dentro de nuestro frágil pensamiento, hasta incrustarse profundamente en él y asimilarlas como correctas. El imaginario patriarcal ha reconocido tradicionalmente a la mujer ligada a la rígida dicotomía de ser  virgen  o prostituta. Por un lado la virgen es producto de la buena educación que las familias “honorables” han dado a la mujer, para establecer los límites del bien y el mal. En  cambio la prostituta, es concebida como aquella que cautiva  al hombre hasta hacerlo caer en la peor de las perdiciones, y cuyo estereotipo lo encontramos en Eva, o en Magdalena, esta última termina convirtiéndose en un modelo a seguir, pues su vida equivocada se desvanece, tras su arrepentimiento profundo, hacia al perdón del hombre.

Partiendo de estas ideas, que para muchos pueden sonar como ofensivas o atacantes hacia el catolicismo, mantengo mi postura, y pese a que soy católica al igual que la mayor parte de mi familia,  las expreso y hoy con mayor fuerza. Hace unos días asistí a la boda de unos amigos muy cercanos a mí,  realmente los vi felices frente al altar, y escuchaban atentos el sermón del cura quien ofició la ceremonia, de tal manera que decidí escuchar con mayor interés aquellas palabras que surgían de su boca.

“Hembra y macho, hombre y mujer son las uniones que Dios verdaderamente legitima y bendice. La mujer con el don maravilloso de procrear hijos al servicio del Señor, y el varón con la autoridad única que Dios le otorga como jefe de familia.” Fue de entre varias, la frase que más llamó mi atención, e hizo reafirmar mi idea preconcebida sobre una iglesia afín a las imposiciones del sistema patriarcal, que al igual que antes, como en la actualidad, sigue contribuyendo  con la formación de “buenos católicos” apegados firmemente a los designios de Dios, pese al tinte machista y de opresión hacia la mujer, que estos poseen.

“Las creencias acerca de la inferioridad de las mujeres y la necesidad de que sean controladas por los hombres, de que las mujeres traen el demonio al mundo y son responsables de la raza humana, de que la menstruación posee poderes mágicos para enfermar, de que las mujeres son por naturaleza machaconas, frívolas, indignas de confianza e irreflexivas.” (Citado desde: http://eprints.ucm.es/16835/1/TFM_Marelis_Loreto.pdf)

Tienen su punto de ebullición desde la “enajenación femenina” de la cual habla Marcela Lagarde (1997), que surgen en consecuencia del sistema patriarcal y juega un papel determinante en ésta, la falta de empatía entre las mujeres, como la ausencia de apoyo entre ellas, que en consecuencia desemboca en las ideas antes mencionadas, acuñadas por el hombre en diversos espacios y tiempo.  
Sin apoyo no hay lucha, y sin lucha no hay cambios. La toma de conciencia de lo anterior ha de surgir desde las actitudes más simples, para que “entre mujeres aparezca la mano que sostiene, los brazos que arropan, y la cabeza que idea el camino a andar para conseguir las transformaciones sociales pretendidas.”



No hay comentarios:

Publicar un comentario