miércoles, 30 de noviembre de 2016

Opinión

¿EN EL ECUADOR SE ESTÁ NATURALIZANDO LA VIOLENCIA DE GÉNERO?

Esta pregunta se genera día a día en mi cabeza, y se vuelve más latente cada que vez una mujer aparece en los noticieros como víctima de agresión física y /o emocional desde su pareja sentimental, mujeres que sufren de acoso sexual en el ámbito laboral, estudiantil y hasta cuando simplemente usan un transporte público, mujeres que mueren  tras ser víctimas de un femicidio, mutilaciones, quemaduras con ácido, embarazos de alto riesgo, hijos huérfanos, familias desechas, etc.  ¿Asusta verdad? Y la lista continúa.
Referente a esta fecha y por desconocimiento de muchos, considero necesario contextualizarla brevemente. Cada 25 de noviembre, el mundo recuerda un hecho que marcó a la sociedad moderna, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, fueron asesinadas esta misma fecha, en el año de 1960, por una causa realmente injustificada, su oposición al dictador Rafael Trujillo.

“Las mujeres fueron interceptadas por una patrulla del gobierno y obligadas, a punta de pistola, a subirse al asiento trasero del vehículo de sus verdugos, fueron llevadas a su propia casa y asesinadas por asfixia con pañuelos junto a su chofer. Los cuerpos fueron luego apaleados para simular golpes en un accidente automovilístico. Trujillo creyó en el momento que había eliminado un gran problema. Sin embargo, el asesinato le trajo muchos inconvenientes y fue el principio de su desgracia.”

La muerte de las Mirabal causó gran repercusión en la República Dominicana y por la contundencia de los hechos, trascendió al mundo, estas mujeres no murieron en vano e inmediatamente la tragedia provocó que el pueblo dominicano mostrara cada vez más su respaldo a las Mirabal y a sus ideas. Este pasaje de la historia latinoamericana tuvo un desenlace, el asesinato del dictador el 30 de mayo de 1960. Sin embargo el tiempo no ha olvidado a estas hermanas que actualmente reencarnan en una sociedad que de a poco reacciona y le dice no a la violencia de género, pero con mayor énfasis, no, cualquier acto violento que atente contra la madre, la joven, la niña, la mujer.

Pero, ¿Qué pasa en nuestro país? ¿Qué se ha hecho y qué no?

El Ministerio de Interior, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y la Comisión de Transición hacia el Consejo de las Mujeres del Ecuador, presentaron en el año 2014 una recopilación textual denominada: “LA VIOLENCIA DE GÉNERO CONTRA LAS MUJERES EN EL ECUADOR” que constituye un análisis de resultados de la encuesta nacional sobre “Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres”, llevada a cabo en el 2012. Este estudio arrojó datos como:

  • El 60,6% de las mujeres en Ecuador ha vivido algún tipo de violencia
  • La violencia contra la mujer no tiene mayores diferencias entre zonas urbanas y rurales: en la zona urbana el porcentaje es de 61,4% y en la rural 58,7%
  • 6 de cada 10 mujeres sufren Violencia de Género en Ecuador
  • El 90% de las mujeres casadas o unidas que ha sufrido violencia no se ha separado de su pareja.
Entre otros son los datos estadísticamente establecidos, que no dudo posean un aporte significativo para las entidades que llevaron a cabo dicho estudio, sin embargo estas mismas cifras aún se mantienen y en el peor de los casos van en aumento, basta únicamente con mirar a nuestro alrededor, y fijarse en detalles tan mínimos como por ejemplo: las vallas publicitarias de ciertas marcas comerciales, que aún persisten en la idea de sexualizar a la mujer como estrategia de venta.

De esta manera considero, que los intentos por erradicar esta problemática en el Ecuador han sido muy superficiales y me refiero principalmente a las instituciones del Estado por únicamente tratar este tema, a partir de rendiciones de cuentas, firma de convenios, campañas de concienciación por aquí y por allá, pero principalmente me refiero a que solo recuerdan que el problema existe en un día específico, y no todos los días, cómo sería efectivo hacerlo.

Aún resta entender que los derechos de las mujeres han sido vulnerados históricamente, hemos aceptado y engrandecido una sociedad patriarcal, donde la inequidad es el eje central sobre el cual  giran los más inconscientes actos de violencia. Ahora somos mujeres y hombres machistas aportando estructuralmente a que el problema se alimente y desemboque en un círculo vicioso del cual difícilmente saldremos.